(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
No te fíes al dedillo de lo que sientes
.La semana pasada hablábamos de parar.
De aprovechar el verano para pensar. Para poner lo que sentimos encima de la mesa.
Porque no siempre seguir lo que sentimos es bueno. Y no siempre hacer lo que no nos apetece… es malo.
Y eso es incómodo.
Porque rompe una idea que nos gusta mucho: que sentir nos guía bien.
Y no siempre.
A veces lo que sientes… no es una dirección. Es una reacción.
A lo que has vivido, a lo que arrastras, a lo que temes.
Por eso este tiempo importa.
No para hacer caso a todo lo que aparece. Sino para mirarlo de verdad. Para ponerlo en la balanza. Para preguntarte no qué sientes… sino de dónde viene.
Porque el problema no es sentir.
Es creer que todo lo que sientes merece ser seguido.
Y quizá crecer empieza justo ahí.
Porque no todo lo que sientes es tuyo.
Seguimos.


