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La vida no pide permiso
La Pascua no llega cuando todo está bien.
No espera a que lo entiendas, ni a que tengas ganas, ni a que todo encaje.
Llega… y ya.
En medio de lo que hay.
Del cansancio.
De lo que no ha salido como esperabas.
De lo que sigue sin resolverse.
Y, aun así, aparece.
La vida.
No como algo espectacular.
No como un cambio inmediato.
Más bien como algo que insiste.
Que vuelve.
Que no se apaga.
Y eso descoloca.
Porque nosotros funcionamos al revés.
Esperamos a estar bien para empezar.
A tenerlo claro para avanzar.
A sentirnos con fuerzas para movernos.
Pero la Pascua no va por ahí.
La Pascua entra en lo que hay.
Sin pedir permiso.
Sin esperar a que todo esté en orden.
Y empieza.
A veces poco a poco.
A veces casi sin notarse.
Pero empieza.
Y entonces te das cuenta de algo.
Que la vida no depende de que todo vaya bien.
Depende de que haya algo que siga latiendo,
incluso cuando no lo ves claro.
Y eso… es una buena noticia.
Porque significa que no todo depende de ti.
Que no tienes que tenerlo todo resuelto.
Que no tienes que llegar perfecto.
Que la vida puede abrirse paso… también ahí.
Feliz Pascua de Resurrección


