El patriotismo de 90 minutos (y medio)

(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)

 

España y sus españoles

Hay algo que me llama la atención desde hace tiempo.

 

Nuestro patriotismo.

 

Ese que aparece, sin complejos, cada vez que juega la selección.

Ese día sí. Ese día somos todos españoles. Sin matices. Sin vergüenza. Sin miedo.

 

Sacamos la bandera.
Nos ponemos la camiseta.
Cantamos el himno con una convicción que no sabíamos que teníamos.

 

Ese día España nos parece maravillosa.

Pero termina el partido y el país vuelve a ser incómodo.

 

La bandera desaparece

Y si alguien decide que no la quiere guardar…
empieza el murmullo.

 

Que si “esto ya es otra cosa”.
Que si “esto no toca ahora”.
Que si “cuidado con eso”.

 

Y de repente, lo que hace unas horas era motivo de celebración pasa a ser motivo de sospecha.

 

Y aquí es donde algo chirría.

 

Hablamos de querer…

Porque querer lo tuyo debería ser lo más natural del mundo.

 

Queremos a nuestra familia.
Queremos nuestra casa.
Queremos los lugares en los que hemos crecido.

 

Pero con el país… dudamos.

 

No porque no lo sintamos. Sino porque no sabemos muy bien cuándo está permitido decirlo.

Y entonces aparece esta versión tan nuestra:

El patriotismo de 90 minutos.

 

Ese que no incomoda.
Ese que no compromete.
Ese que no te obliga a posicionarte.

 

Ese que empieza con el himno y termina con el pitido final.

 

Porque lo que de verdad genera incomodidad no es el exceso.

Es la continuidad.

 

No molesta que quieras a tu país un rato.

Molesta que lo quieras sin pedir permiso.

 

Y entonces llegan las etiquetas

Rápidas.
Simples.
Casi automáticas.

Para no tener que pensar demasiado.

 

Y sin embargo, igual el problema no es el patriotismo.

Igual el problema es que nos cuesta sostener lo que sentimos cuando deja de ser fácil.

 

Porque querer algo cuando gana es sencillo.

Lo difícil es no esconderlo cuando ya no hay aplausos.

 

Y quizá la pregunta no sea si somos más o menos patriotas.

Sino si nos atrevemos a querer lo nuestro también cuando no toca.

Lectura de verano para adolescentes y padres
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