(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
Yo necesito rutina
Y no porque sea organizada.
Ni mucho menos.
Soy caótica. Bastante.
Y creo que es algo bastante común en la gente creativa.
Si a mi alrededor hay horarios, rutinas, sitios claros, mi vida se ordena sola.
Mi cabeza entra en automático.
Y funciono.
Este año ha sido justo lo contrario.
Un caos.
Entradas y salidas constantes de casa…
sin parar.
No exagero: me he sentado en el sofá una o dos veces cada 14 días.
Y así llevo casi un año.
Y claro… pesa.
Cada día un poco más.
Pero no me he caído.
Y no ha sido por fuerte.
Ha sido por algo muy sencillo… pero muy poco habitual.
He pedido ayuda
Hace un año contraté a Sara.
Y bendita decisión.
Ella pone orden donde yo no llego.
Que ahora mismo es en bastantes cosas.
En la oficina igual.
Un día dije:
“Estoy en modo supervivencia. Ayudadme.”
Lo que se me pase, me lo decís.
Donde no llegue, me cubrís.
Y lo hicieron.
Y en casa también:
“Lo siento, no doy más de mí. Necesito ayuda.”
Y han estado.
¿A qué viene todo esto?
A algo muy sencillo.
No te lo comas solo.
De verdad.
No te lo comas.
Porque a veces no hace falta ser más fuerte.
Hace falta dejar de hacerlo todo sola.


