(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
La vida puede ser muy bonita
Otra cosa es cómo la miremos.
Porque la vida también es… complicada.
Hay momentos en los que todo se tuerce.
En los que no entiendes nada.
En los que miras alrededor y dices:
“esto no era lo que yo tenía en mente”.
Y aun así…
la vida puede ser muy bonita.
El tema está en cómo la miras.
Porque podemos hacer lo fácil: quedarnos en lo que falta, en lo que no salió, en lo que duele.
Que oye… motivos hay de sobra.
O podemos hacer algo bastante más incómodo:
cambiar de lentes.
Aprender a ver lo bueno.
No lo evidente.
No lo de Instagram.
Lo otro.
Lo que cuesta ver.
Aprender a ver las cosas buenas que te da el Jefe.
Incluso cuando no te apetece nada mirarlas.
Eso es trabajar la esperanza
Y esto hoy… no se lleva mucho.
Se lleva más quejarse.
Compararse.
Pensar que la vida del de al lado es mejor.
Spoiler: no lo es.
Lo que pasa es que nadie sube a las redes sociales lo que le cuesta.
Y mientras tanto, tenemos a gente muy joven que no ha aprendido a sostener un “no”, ni un “esto no sale”, ni un “esto no es como yo quería”.
Y claro… así todo pesa el doble.
Trabajar la esperanza no es ser ingenuo
No es ir de “todo va a ir bien”.
Es otra cosa.
- Es no quedarte a vivir en lo que no funciona.
- Es no recrearte en el drama.
- Es no convertir cada dificultad en una tragedia griega.
Es seguir.
Aunque no lo entiendas.
Aunque no te guste.
Aunque escueza un poco.
Porque la vida no siempre es fácil.
Pero puede ser muy bonita.
Y eso…
no pasa solo.
Se trabaja


