Cuando todo se queda en lo esencial

(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)

 

Hay días que no invitan a hacer más

Hay días que invitan a parar.
A no llenar tanto.
A quedarse.

 

El Jueves Santo tiene algo de eso.

 

De bajar el ruido.
De dejar de añadir.
De no necesitar más.

 

Vivimos en un mundo en el que todo suma.

 

Más planes.
Más ruido.
Más opiniones.
Más cosas.

 

Y, sin darnos cuenta,
acabamos viviendo… con demasiado.

 

Por eso me impresiona tanto este día

Porque no va de añadir.

Va de otra cosa.

Va de quedarse con lo importante.

 

Jesús no hace más.

No busca más.
No complica más.

Se sienta.
Comparte.
Sirve.

 

Y ahí, en algo tan sencillo,
pasa todo.

 

A mí, últimamente, no me sale así.

 

Me sale llenar.
Explicar.
Resolver.
Moverme.

 

Como si parar fuese perder el tiempo.

 

Pero el Jueves Santo no va de eso.

Va de presencia.

Va de estar.

Va de mirar lo que hay…
sin necesidad de añadir nada más.

 

Y ahí aparece una pregunta sencilla:

 

¿Qué es lo importante?

No en teoría.

En lo real.

 

Porque cuando todo se calma… cuando todo se aquieta… lo importante se queda.

 

Y no hace ruido.

Pero sostiene.

Quizá por eso hoy no es un día para hacer más.

Es un día para quedarse.

 

SANTA SEMANA

Y PARA EL VIERNES SANTO…
Recibe el blog cada semana
Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad