(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
No te rindas antes del principio
A veces los padres tiramos la toalla demasiado pronto.
Nos repetimos aquello de: “Bah, si todos llegan a las seis de la mañana borrachos a los 16, ¿qué le voy a decir yo al mío?”
“Si todos se van de vacaciones con sus novios, ¿para qué voy a decirle yo al mío que no?”
Y claro, con esas frases… ¿qué esperamos después?
Si nos convencemos de que “lo van a hacer de todos modos”, lo que estamos haciendo es soltar el volante antes de tiempo.
Yo estoy cansada de esa idea. Porque no es verdad.
Nuestros hijos no son de cristal. No se rompen porque les pidamos más.
Al contrario: están preparados para esperar, para contenerse, para elegir. Como lo estuvimos nosotros.
¿O acaso éramos una especie distinta?
La adolescencia no tiene por qué ser una carrera de excesos inevitables.
La juventud no es un campo minado donde lo único que podemos hacer es cruzar los dedos.
Sí se puede
Se puede exigir más.
Se puede esperar más.
Con cariño, con paciencia, pero sin miedo.
De ahí nacen los talleres de Trabajando Esperanza: para recordar a los padres que sí se puede.
Que hay otra forma de vivir y educar.
Que no todo es “inevitable”.
Porque si de verdad creemos que todo va a pasar de todos modos… ¿para qué estamos aquí?


