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Cómo sobrevivir al drama sin dejar de tener fe, amor… y mucho chocolate
Hay días (o semanas… o años enteros) en los que lo das todo y la vida te responde con un: “Ajá. Mira qué giro inesperado.”
Y tú, que ya habías hecho el plan, la lista, el Excel emocional y el calendario escolar, te encuentras en modo: “No me pidáis nada. Estoy en pausa vital.”
Pero como no se puede parar del todo (porque hay hijos, trabajos, lavadoras y esa reunión a las 9), aprendes a sobrevivir sin perder el estilo. O al menos, con las uñas limpias y una sonrisa medio torcida.
Esto es lo que (más o menos) me está funcionando:
1. Bailar aunque no suene música
Literalmente. Con amigos, con tus hijos, con quien sea.
O sola en la cocina. Bailar es una forma elegante de decir: “Estoy cansada, pero sigo aquí.”
2. Rodearme de gente que no me pida explicaciones
Gente que sepa que estás rara y no te lo diga.
Que te ría las tonterías, te abrace cuando haga falta y te saque a tomar algo sin preguntar.
Esa gente, amigos, es patrimonio emocional de la humanidad.
3. Chocolate. No es negociable.
Ya llegará la lechuga emocional.
Ahora toca medicina con cacao.
Un “te lo mereces” en versión tableta.
(Si me vas a juzgar… hazlo con praliné, por favor.)
4. Rezar sin ganas
Sí, también.
A veces lo único que puedes decirle al Jefe es:
“Estoy enfadada. No me hables. Pero no me dejes.”
Y Él, que lo sabe todo, se queda.
No se ofende. Espera.
Y tú… sigues bailando con un poco de rabia, pero sabiendo que, en el fondo, no estás sola.
5. Reírme. De mí, sobre todo.
De mis dramas, de mis torpezas, de mis fases de “ya lo tengo todo claro” que duran 12 minutos.
Porque reírse de una misma es una forma de fe práctica.
6. Hacer sin pensar (demasiado)
A veces lo que necesitas no es entender, es hacer algo.
Mover las manos. Ordenar un cajón. Cantar a gritos. Escribir algo tonto.
Lo que sea, menos quedarte dándole vueltas al mismo punto como una lavadora sin centrifugado.
En resumen:
Estoy cansada. Enfadada y no sé cuántas cosas más…
Pero también viva.
Y bailando.
Y con chocolate.
Y con fe (en forma de suspiro, pero fe al fin y al cabo).


