Hay temas que una no aborda a la ligera.
No porque no se tengan claros. Sino porque duelen.
Porque duelen las historias. Duelen los silencios. Duelen los miedos.
En A Fuego Lento 2, quise entrar ahí.
En lo que muchas veces no se habla.
En el aborto.
No para juzgar, sino para comprender. Para poner palabras —y rostro— a algo que tantas veces se decide desde el pánico, desde la presión, desde el vacío.
Pero hay algo que siempre me ha chirriado.
Algo que no me cuadra.
Y que, cuanto más lo pienso, más me estremece.
La ley del aborto en España permite interrumpir el embarazo libremente hasta la semana 14.
A partir de la semana 15, ya no.
Porque, según esa misma ley, desde ese momento estamos hablando de una vida humana.
Una vida que merece ser protegida.
(Nota: para mí, esa vida empieza desde la fecundación. Pero incluso si alguien no piensa como yo, la propia ley le está diciendo esto: a partir de aquí, ya no es “un grupo de células”, es un ser humano.)
Ahora viene lo duro
Si ese bebé tiene algún problema, una malformación, una discapacidad… entonces sí se puede abortar. Hasta la semana 22.
Es decir: la ley reconoce que hay una vida humana…
pero decide que unas vidas valen más que otras.
Que, si estás sano, te dejamos vivir.
Y si no… bueno, ya sabes.
¿Te das cuenta de la contradicción?
¿Hasta aquí sí, desde aquí no… pero espera, si el niño viene con problemas, entonces sí otra vez?
¿Dónde está el límite? ¿Dónde ponemos el valor de la vida?
¿Y sabes qué es lo más terrible?
Que todo esto lo decimos en voz baja.
Que nos acostumbramos. Que lo justificamos.
Que a veces incluso lo aplaudimos, como si fuera libertad.
Y no, no lo es.
La libertad real no te deja sola.
La libertad real no te empuja al vacío.
La libertad real ofrece opciones.
Y sí, hay opciones, cada vez más
Por eso me ha alegrado saber que muy pronto abrirá en España un centro de ayuda a la mujer embarazada, impulsado por la Asociación Chiara Corbella.
Un espacio humano, acogedor, esperanzador.
Donde no se juzga. Donde se acompaña. Donde se ofrece una alternativa real a quienes más lo necesitan.
Porque cuando el sistema falla, los que estamos a favor de la vida respondemos.
Y porque la esperanza no es una teoría. Es una casa, es un abrazo, es una ayuda concreta.
Te invito a seguir su cuenta: @jaquealaborto
Y si puedes, colabora con ellos. Da un paso por la vida.
Porque cada vida cuenta.
Incluso —y sobre todo— cuando el mundo grita que no.


