Adolescentes: el cerebro está en obras

(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)

 

Adolescencia, una casa sin hacer

Como mujer posmoderna de exactamente 50 años, he llegado a una conclusión científica —avalada fundamentalmente por mi experiencia, mi observación y mis ganas de conservar la cordura—:

 

Los adolescentes deberían venir con manual de instrucciones.

 

No uno muy largo. Tampoco pido milagros.

Con cuatro capítulos me conformaba:

 

  1. Por qué cuando le preguntas qué le pasa responde «nada» y claramente pasan unas 14 cosas.
  2.  Por qué algo que para ti es una tontería para él puede ser una auténtica tragedia.
  3. Por qué la opinión de sus amigos puede pesar más que absolutamente todo lo que llevas diciéndole tú desde 2012.
  4. Y mi favorito: por qué hay días en los que parece que hablas con una persona adulta y razonable y, diez minutos después… ya no. 

 

Pero el manual no viene.

 

Así que hacemos lo que hacemos los adultos: intentamos entenderlos desde nuestro maravilloso cerebro adulto.

 

Error…

Porque claro, una mujer posmoderna de exactamente 50 años tiene una ventaja considerable sobre un adolescente: lleva 50 años practicando.

 

Y aun así hay días en los que tampoco toma unas decisiones espectaculares, dicho sea de paso. 

 

Pero nosotros les pedimos que midan las consecuencias, que controlen sus impulsos, que relativicen, que no les importe tanto lo que piensan los demás, que gestionen perfectamente sus emociones…

 

Vamos, básicamente:

 

«Ten 15 años. Pero piensa como si tuvieras 50».

 

Fantástico plan.

 

Y resulta que no pueden.

 

Porque su cerebro está en obras

Con andamios, operarios, zonas temporalmente cerradas al tráfico y algún cartel de «Disculpen las molestias». Y ahí empiezan muchas de esas cosas que, vistas desde nuestro lado, nos vuelven locos.

 

  • ¿Por qué necesita tanto pertenecer al grupo?
  • ¿Por qué un comentario que yo olvidaría antes de llegar al ascensor puede arruinarle la tarde?
  • ¿Por qué sabe perfectamente que algo es una mala idea y, aun así, decide probar?
  • ¿Por qué algunas emociones pasan de cero a cien en aproximadamente siete segundos?

 

Y ahí una mujer posmoderna de exactamente 50 años tiene dos opciones.

 

La primera es pensar:

«A tu edad yo no era así».

 

Frase histórica pronunciada por todas las generaciones desde aproximadamente el Paleolítico. 

 

La segunda es intentar averiguar qué demonios está pasando ahí dentro.

 

Y yo he elegido la segunda.

 

Principalmente porque la primera no parece estar dando grandes resultados.

 

Y de ahí nace la nueva serie de Mujer Posmoderna que voy a empezar a publicar y que, confieso, me está encantando preparar.

 

Esta vez me voy a meter de lleno en la adolescencia.

 

Pero no para convertir esto en un máster en neurociencia ni para hacer otro listado de las 47 cosas que los padres hacemos mal antes del desayuno.

 

Quiero intentar entender, desde mi particular perspectiva de mujer posmoderna de exactamente 50 años, qué demonios está pasando ahí dentro.

 

Por qué necesitan tanto pertenecer al grupo. Por qué el rechazo puede convertirse en una tragedia griega. Por qué saben que algo es mala idea y aun así piensan: «Pues venga». Por qué la opinión de sus amigos adquiere poderes sobrenaturales mientras la nuestra, curiosamente, cotiza a la baja. 

 

Y además hay un pequeño detalle: Ellos no están creciendo en el mundo en el que crecimos nosotros.

 

Nosotros también tuvimos inseguridades, complejos, primeros amores, ganas de encajar, amigos que parecían saberlo absolutamente todo y decisiones que, vistas hoy, tampoco pasarían una auditoría seria. 

 

Pero no tuvimos un aparato en el bolsillo recordándonos durante 24 horas quién es más guapo, quién tiene más amigos, quién ha salido sin nosotros o cuántas personas han decidido que nuestra foto merece un corazón.

 

Y eso cambia bastante el escenario.

 

Así que quiero intentar comprenderlos un poquito mejor.

 

Que, por cierto, comprender no significa permitirlo todo.

 

Porque últimamente parece que en cuanto entendemos por qué alguien hace algo, automáticamente tenemos que aceptarlo.

 

Pues tampoco.

 

Los adolescentes necesitan comprensión

Y necesitan límites.

Necesitan equivocarse.

Y necesitan adultos.

 

Adultos que sepan cuándo poner un límite, cuándo escuchar, cuándo insistir, cuándo dejar que se den el pequeño tortazo correspondiente, y cuándo hacer una cosa dificilísima: cerrar la boca. 

 

Porque cuanto más leo sobre adolescencia, más incómoda resulta una posibilidad: quizá no siempre tenemos que enseñarles algo.

A veces somos nosotros los que tenemos que aprender a entenderlos.

 

Y esto, para una mujer posmoderna de exactamente 50 años convencida de que la experiencia es un grado…es un golpe durísimo. 

Así que allá vamos.

 

Nueva serie de Mujer Posmoderna.

Esta vez nos metemos en la cabeza de los adolescentes.

 

Yo pongo los adolescentes.

Vosotros id poniendo la paciencia.

Nos va a hacer falta.

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