(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
“A fuego lento” también es para los padres
A veces me dicen que A fuego lento es un libro para adolescentes.
Y sí, claro que lo es.
Pero también —y casi más— es para padres.
Porque los padres necesitamos esperanza.
Necesitamos creer que no está todo perdido, que nuestros hijos pueden, y que nosotros también.
Que por más portazos, silencios o miradas en plan “no me entiendes”… siguen siendo los mismos niños que un día no se dormían si no les tapabas bien.
El libro nos puede ayudar
A fuego lento no da recetas (ya bastante tenemos con las del médico). Lo que hace es enseñar, mostrar la realidad y recordarte que aún se puede.
Que educar cansa, sí, pero verlos crecer con criterio y corazón… compensa.
La adolescencia no es un túnel, es un trayecto.
Y si lo haces con ellos —aunque haya curvas—, se llega.
Así que no, no está todo perdido.
Solo hace falta volver a confiar, en ellos, y en ti.
Y hacerlo, como todo lo importante en la vida… a fuego lento.


