(Tiempo de lectura: 2 sorbitos de café)
3 si antes tienes que quitar el polvo a la taza
Pues ya está.
Llegó septiembre.
Y después de pasarme medio verano escribiendo sobre parar, pensar, decidir, recolocar la vida y no sé cuántas cosas más…
resulta que ahora me toca aplicarme el cuento.
Fantástico.
A ver cómo explico mi vida ahora mismo…
Soy madre de cuatro hijos.
Empresaria.
Escritora.
Tengo una casa todavía en obras.
He pasado el verano de aquí para allá.
He hecho más mudanzas de las que una persona razonable debería hacer en un año.
Dirijo empresas, escribo, hago vídeos, intento entender a mis adolescentes, empiezo el curso, organizo casas, desorganizo otras y, de vez en cuando, hasta consigo saber dónde he dejado las llaves.
Vamos, una mujer perfectamente organizada.
Ah, y tengo polvo
Mucho polvo.
Polvo en el suelo.
Polvo en los muebles.
Polvo en sitios en los que científicamente considero imposible que haya llegado el polvo.
Creo que ahora mismo mi casa tiene más polvo que metros cuadrados.
Y ahora resulta que estoy en transición.
No me entusiasma mucho la palabra.
Suena a sala de aeropuerto.
Pero creo que describe bastante bien este momento.
Hay una parte de mi vida que ya terminó. Hay otra que está empezando. Y yo estoy justo en medio, intentando colocar cajas, hijos, trabajo, proyectos, sentimientos… y encontrar un enchufe que no esté tapado por un saco de cemento.
Lo curioso es que estoy bien
No porque todo esté colocado. Precisamente casi nada lo está.
Y esto, para alguien que tiene una cierta tendencia a querer tener las cosas bajo control, tiene su aquel.
La vida da unas vueltas estupendas.
Hace un año no habría imaginado muchas de las cosas que estoy viviendo hoy.
Algunas no las habría elegido.
Otras no sabía ni que las quería.
Y por el camino han aparecido personas, proyectos, oportunidades, problemas, alegrías y unas cuantas Diosidencias.
Y creo que empiezo a entender algo.
Estar bien no significa necesariamente tener la vida resuelta.
Puedes estar contenta y tener miedo. Ilusionada y agotada.
Tener clarísimo hacia dónde quieres ir y no tener ni puñetera idea de cómo vas a llegar.
La vida tiene esa manía de no ser blanca o negra.
Y sí.
A veces asusta.
A veces agobia.
Y algún día hasta dan ganas de llorar.
Pero de eso ya hablaremos mañana.
O pasado.
Porque hoy tengo una prioridad bastante más urgente: quitar el polvo.
Mucho, mucho polvo.


